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Antonio Amurrio Esteve
Miércoles, 21 de diciembre de 2016

Populismo

Últimamente los medios de comunicación utilizan asiduamente el término “populismo” para incluir en él a cualquier corriente política que actúa de forma contraria a las normas políticas establecidas. Pero el populismo se define como “la tendencia política que pretende atraerse a las clases sociales”. Definido de esta forma cualquier corriente política puede denominarse populista. El objetivo final es llegar a los ciudadanos para conseguir el trofeo, que no es más que el voto que les lleve al poder. Se pueden recordar infinidad de ejemplos, entre ellos y que  afecten de cerca a la ciudadanía, está la campaña del año 2011 donde Mariano Rajoy defendió a capa y espada la bajada de impuestos que finalmente se convirtió justo en lo contrario. O cómo, en la misma campaña, el PSOE seguía negando la crisis económica, sin llegar a intuir que los ciudadanos españoles ya la estaban sufriendo  en sus carnes.


En época de crisis, económica, política o social como la que se sufre en estos momentos, a nivel global se genera un malestar en los ciudadanos que se canaliza a través de la aparición de diferentes partidos o personajes que intentan “atraer” a esas clases sociales que en la actualidad no se sienten representadas por las instituciones elegidas democráticamente en las últimas elecciones. Entre los factores que afectan la aparición de estas nuevas “políticas” se encuentran sobre todo la inmigración y la corrupción, que deriva en el auge de los nacionalismos, como por ejemplo la victoria inesperada de Donald Trump en EEUU,  el crecimiento de Marie Le Pen en Francia o el Brexit en el Reino Unido.


Mientras tanto, en nuestro país este malestar se canalizó a través de la aparición de movimientos ciudadanos, cuyo principal representante fue el 15M. Las protestas callejeras se multiplicaron con los recortes hasta que finalmente todo terminó con la aparición de una nueva formación, que quería llegar a las instituciones con el único fin de acercarlas a la gente, de que los ciudadanos tomaran las riendas de las decisiones que más le afectaban. En el que primaba la dignidad de las personas por encima de su origen, credo, sexualidad,… Todo lo contrario a lo que ha ocurrido en otros países de nuestro alrededor.


A partir de lo expuesto la pregunta a hacer es por qué siendo antagónicos los programas políticos comentados anteriormente, desde el poder instaurado se tilda a todos de “populistas”. Quizás por miedo a perder el poder, las grandes empresas, y con la alianza de los poderes fácticos, empiezan a bombardear determinadas ideas con la finalidad de  defender la legitimidad de las políticas en una sociedad que empieza a no entender el por qué de determinadas acciones. Y esa falta de entendimiento provoca el auge de estos movimientos, en contra de lo establecido, y que todos se definen como “populistas”, independientemente de la ideología o del programa político.


Por todo ello, el error inicial está en considerar el término populista como algo peyorativo, como un tipo de políticas que van en contra del Estado o las instituciones tal como existen en la actualidad. Si se atiende a su significado literal “atraer a las clases sociales”, cualquier forma de política es populista, a no ser que a determinados intereses no les preocupe ni lo más mínimo el estado de bienestar de sus ciudadanos. En tal caso, yo soy el primero en considerarme “populista”.

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