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Antonio Amurrio Esteve
Viernes, 4 de noviembre de 2016

Cruzada 2.0

El objetivo inicial de las primeras cruzadas era la liberación de Tierra Santa en manos musulmanas con el objetivo de reestablecer el catolicismo. Hoy en día, y vistas determinadas opiniones vertidas en el artículo de opinión de un columnista titulado ‘La natalidad, el gran problema’, aún queda una línea de pensamiento que defiende una nueva cruzada contra aquellos que en la mayoría de ocasiones buscan un lugar mejor para comenzar una nueva vida. No se puede considerar a los refugiados como oportunistas, como “infieles” que llegan a Europa a reconquistar Al Andalus. La búsqueda de mejora personal es innata al ser humano. ¿Qué pensaran los Ingleses o los Alemanes de la llegada de jóvenes españoles que van a mejorar sus condiciones laborales? ¿Qué son unos intrusos? ¿Unos infieles? ¿Unos delincuentes? Simplemente hay que pensar que a nadie le gusta abandonar su lugar de origen, y que esa decisión conlleva dejas atrás todo lo que tenemos y empezar de cero. Si encima desde el lugar de adopción en lugar de intentar incluir de forma progresiva a los refugiados ponemos barreras estamos creando una sociedad más injusta e insolidaria, dejando claro que no todos  tienen las mismas oportunidades.

 

Y la cuestión que parece más peliaguda es cómo crear un nuevo ejército que lleve a cabo la lucha contra aquellos que quieren invadirnos y destruir la democracia que, supuestamente, ellos no tienen. Y para ello no queda otra opción que las mujeres empiecen a “parir” ese ejército tan necesario para llevar a cabo tan honrada cruzada. Considerar a la mujer como una “recipiente” para dicha creación es retrógrado y arcaico. En una sociedad que lucha por la igualdad, por reconocer y colocar en el lugar que corresponde el rol de la mujer, es inconcebible retroceder a otra época donde la mujer debe tener beneficios laborales únicamente para poder “parir” y de este modo aumentar la natalidad con el fin de una nueva cruzada.

 

Formar parte de una sociedad avanzada equivale a aceptar que todos tenemos los mismos derechos y obligaciones, equivale a considerar que las mujeres tienen un rol similar al del hombre y por encima de todo, a que la dignidad de las personas es superior a cualquier dogma de fe.

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