Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Carlos Rodriguez
Viernes, 8 de abril de 2016

El cuatripartito

A cualquiera que esté medio al tanto de las redes sociales y de los medios que hacen poco más que copiar y pegar los comunicados de prensa de los políticos le sonará este nombre: el cuatripartito. Es la forma con la que el PP engloba al gobierno socialista y a los tres partidos (Compromís, Onda Sí Se Puede y Esquerra Unida) que con sus votos le echaron del poder, un hecho que los populares todavía no han aceptado al mantenerse como el partido más votado. Sin embargo, las matemáticas suelen ser muy jodidas, y a veces cuesta lo mismo comprender la Teoría del Caos que once concejales suman más que nueve, aunque lo segundo pueda llegar a desembocar en la primera, un resultado que tampoco tiene por qué ser así.


Cualquiera que esté medio informado conocerá que los socialistas recuperaron el poder gracias a un pacto de investidura con Compromís, OSSP y EU, pero que ninguno de ellos asumió ninguna concejalía. Solo Lluís Pastor, de Compromís, e Iván Tauste, de EU, aceptaron entrar en una junta de gobierno que abandonaron posteriormente, el primero por discrepancias y el segundo por motivos laborales.


Cualquiera que busque en el diccionario de la RAE descubrirá que ‘cuatripartito’ es un adjetivo que alude a cuatro partes, es decir, que definir al gobierno de Onda como un cuatripartito… digamos que no se ajusta a la realidad, y es que a pesar de que son muchas las propuestas aprobadas por los cuatro grupos (la más importante los presupuestos), también hay puntos que han perdido los socialistas pese a estar en el gobierno, ya que están en minoría.


Pero cualquiera que haya conocido la política de cerca, sabrá que el principal objetivo del que tiene el poder es mantenerlo y aumentarlo, mientras que el del que no lo tiene es conquistarlo. La verdad, la igualdad, la justicia, la solidaridad y demás son valores que dan el pego en los discursos políticos, y en ocasiones incluso se consiguen en la realidad, pero como el fin justifica los medios, estos valores pueden saltarse a la torera o interpretarse de la forma más conveniente. Y el término ‘cuatripartito’ funciona, y vaya si funciona, como si tuviese tracción a cuatro ruedas, aunque no por ello se habla de todoterrenos cuatripartitos, ni siquiera en caso de accidente.


Cada vez que uno de los partidos aludidos con el término ‘cuatripartito’ escucha esta palabra, parece que le entra un cosquilleo en el estómago, aunque más que mariposas son gusanos lo que se mueven en su interior, y eso, el PP lo sabe, y como buen estratega sabe que un político que pierde los nervios es un político que muestra debilidad, aunque a veces, en la jungla del pleno, también algunos de sus concejales dejan de tener la sangre fría y se muestran demasiado humanos.


Los pequeños partidos, para no diluirse como el Bloc (hoy en Compromís) y AMI (hoy en Ciudadanos) hace cinco años después de pactar con el gobierno socialista, quieren mantener su identidad y diferenciarse del PSOE. Por eso, cada alusión a ellos como integrantes del ‘cuatripartito’ supone un incremento de la tensión habitual, ya que entonces intentan diferenciarse todavía más del partido en el gobierno, y esto lo demuestran con declaraciones, gestos y políticas que, más allá de las discrepancias, dejen claro a la ciudadanía y a sus exigentes bases que no están en el poder, en definitiva, que no son lo mismo, y esta tarea de tensar la cuerda, puede que el cubo, lleno de votos, vaya a parar al tejado del vecino no deseado.


Pero además de inestabilidad, el término ‘cuatripartito’ también ofrece la imagen de una nebulosa de partidos, como una especie de Frankenstein en la que no se sabe bien quién es quién ni qué es qué. A todo ello se le debe sumar un comunicado de prensa al día con titulares tipo: El cuatripartito recorta…, el cuatripartito veta…, el cuatripartito oculta…, el cuatripartito rechaza... ¿Cómo mola el cuatripartito, eh?


En frente de tanto despropósito, el PP se esfuerza por aparecer como un héroe vencido por las circunstancias, como la única solución posible a pesar de la imagen vampírica de los populares en la Comunidad Valenciana, donde presuntamente, aunque tengamos marcados los colmillos en el cuello, nos han estado chupando la sangre. -¡Los vampiros son más sexis! me dirá alguno. – ¡Pues que te chupen a ti!


Novelas y películas de terror aparte, cualquier lector/espectador sabe que nada une más que un enemigo común, y desde luego que el PP se lo está ganando a pulso entre unos adversarios que sin embargo, ante sus ataques, unas veces se quedan en la barrera y otras embisten de forma cerril.  Sin embargo, tal y como advertía Borges, y esto vale para todos, “hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”. Y a mí me viene a la cabeza aquella canción de Roberto Carlos (el que no era lateral del Real Madrid), en la que “yo quiero tener un millón de amigos”, aunque con escritos como éste, no sé yo si muy fuerte podré cantar.  

ARRELSonline.es • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress