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Alejandra Mariner
Jueves, 5 de junio de 2014

Ramón Mata Bellmunt, constructor de chimeneas de azulejeras

Aunque hoy estériles y aguantando en pie menos de una decena, antaño las altas y emblemáticas chimeneas poblaban el horizonte de Onda sobresaliendo de entre los edificios azulejeros y determinando así su ubicación, ya desde lejos. En esa época fabril, en la que no existían expresiones tales como ‘contaminación atmosférica’ o ‘medidas de seguridad laboral’, hombres como Ramón se dedicaban a construirlas.

[Img #12120]¿Cómo recuerda su trabajo en aquella época?

Yo he trabajado durante muchos años como albañil porque ya lo era mi padre y hacíamos de todo un poco, aunque hubo una época en que el trabajo se encaminó de forma especial a construir estas chimeneas, debido a la gran cantidad de fábricas que empezaron a funcionar.

 

¿Y cómo las construía?

Primero se hacía una base más gruesa y ancha, ya que debía aguantar el peso del resto del cuerpo. Éste iba subiendo poco a poco siempre desde dentro y de forma exagonal. Para eso, utilizaba una bastida desde el interior, e iba poniendo los ladrillos y el cemento que hacía falta.

 

¿Usted sólo?

La construcción sí, pero tenía un ayudante que, desde abajo, iba pasándome los materiales que necesitaba mediante una polea.

 

Imagino que por aquel entonces no habría medida de seguridad alguna y cada chimenea de éstas mediría por lo menos 20 metros. ¿No era un trabajo peligroso?

Pues sí, pero eso era algo que nosotros no mirábamos porque era nuestro trabajo y punto. Yo, al menos, tenía suerte porque nunca he tenido vértigo, ni miedo a las alturas, aunque sí conllevaba riesgo, naturalmente.

 

Algunas están decoradas por fuera. ¿Usted les ponía algún identificativo propio?

Yo no, pero es cierto que algunas llevan el nombre de la empresa, o al final tienen una especie de cenefa. Lo que sí era costumbre era instalar un pararrayos, aprovechando su altura.

 

¿No le da pena mirarlas ahora, inactivas, después de haberlas contemplado en su pleno apogeo?

Ciertamente un poco sí, pero ahora las que quedan en pie son como monumentos, testigos del pasado en el presente y creo que eso también supone una función importante que cumplir.

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