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Alejandra Mariner
Jueves, 22 de mayo de 2014
ENTREVISTA

Dorotea Martínez Sánchez, fundadora del quiosco Dorotea

Cualquier ondense sabe que parte del mérito de esta granadina afincada en Onda es el haber convertido una pequeña ‘tauleta’ de menos de 60 metros cuadrados en un establecimiento de más de 500. El motivo de este destacado cambio se vislumbra con sólo un poco de lógica, pero ella además, nos lo confirma en esta entrevista.

Extracto de la entrevista publicada en ARRELS en 2006

 

[Img #11949]¿Cuándo y por qué vino a parar usted a Onda desde Cúllar?

Cuando tenía 18 años, en el año 55. Me vine de Granada para buscar trabajo, como todos los que salíamos de Andalucía en aquellos tiempos.

 

¿Y lo encontró enseguida?

No. Durante una temporada sólo fui ama de casa pero después empezaron a salir varias cositas, pequeños negocios siempre relacionados con el sector textil. Estuve unos años vendiendo máquinas de coser de la casa Sigma, también enseñaba a bordar y durante unos siete u ocho años tejí ropa para la casa Dusen. Al final acabé tricotando y confeccionando ropa para gente de Onda que me hacían por encargo. Creo que he hecho jerseys para toda Onda.

 

Era usted una experta costurera, entonces.

Para nada. Yo en mi pueblo natal prácticamente lo único que aprendí fue a ayudar a mi abuela cuando vendía verduras en su puesto del mercado, nada más. No sabía nada de coser, ni de hacer patrones, pero fui aprendiéndolo sola y por necesidad. Si no salía bien a la primera, era a la segunda o a la tercera y así iba aprendiendo y saliendo cada vez mejor, pero el negocio de coser no era muy rentable y decidimos abrir un quiosco.

 

¿Cómo recuerda aquellos primeros años?

Éramos el único comercio abierto de toda la calle, por no hablar de los edificios, que no había construidos ni la mitad que ahora. Y abría desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche, sin cerrar a mediodía. Me hice una pequeña cocina allí y todo para no tener que cerrar, de forma que sólo subía a casa para dormir. La cosa fue bien, a pesar de estar en las afueras del pueblo, que era esto por aquel entonces. Lo cierto es que trabajábamos como negros y poco a poco el espacio se nos fue quedando pequeño hasta que, no sin ciertas dudas, decidimos comprar el nuevo local, enfrente del viejo que todavía conservo y gastamos de almacén.

 

¿Cree que ése es el secreto de su éxito, el trabajar mucho y no cerrar a mediodía?

Pues sí, eso y el trato que se le da al cliente, que también es fundamental. Lo cierto es que no recuerdo haber cerrado ni un solo día desde que abrí mi negocio por primera vez, lo único, sí cerramos medio día en las fechas en que tomaron la comunión mis hijos y también el día de Navidad, pero jamás el día entero.

 

Y nunca le han criticado por aquello de competencia desleal, en cuanto a horarios me refiero.

No, nunca he tenido gente que me quiera mal y personalmente, no me importa si otros critican mi forma de llevar el negocio. Yo nunca he criticado ni me he metido con nadie y no creo que tampoco merezca críticas. Es más, no creo que se tenga que juzgar a nadie por su procedencia, ni por los horarios que decida llevar en su propia tienda.

 

Además, su clientela es de todo tipo y edades.

Desde luego, mucha juventud, sobre todo. Todos saben que Dorotea no cierra nunca y que además ofrece un buen trato y el mejor servicio posible. En verdad, más que clientes, tenemos amigos y me enorgullezco de que cada vez que sale alguien se despida llamándome por mi nombre. Es un detalle que me emociona y me hace sentir querida.

 

Usted está jubilada y el negocio lo lleva su hijo Marcelino.

Mis tres hijos han estado siempre a mi lado, apoyándome y ayudándome en todo. Tengo mucha suerte porque ellos y yo siempre hemos sido una piña y nada de lo que he conseguido habría podido ser realidad sin ellos. Las riendas del negocio las lleva Marcelino desde ya hace tiempo. Él es realmente el emprendedor, el que siempre va de aquí para allá, comprando todo lo que se le ocurre para que no le falte nada al cliente.

 

Desde luego, nadie puede negar que ha logrado todo lo que tiene trabajando, pero ¿nunca tenido la sensación de haberse perdido algo por haber pasado tantas hora detrás de un mostrador? ¿algo de vida, tal vez?

No, no considero que haya perdido nada de mi vida por pasarme tantas horas trabajando. He tenido tiempo para atender a mi familia y la unión que siempre hemos tenido entre mis hijos y yo lo demuestra. Tampoco es que tenga ninguna afición en especial, aunque siempre he disfrutado de juntarme con mis amigas y hablar de nuestras cosas. Ahora lo hago con más desahogo pero antes también sacaba el tiempo de donde fuese para darme esos pequeños placeres.

 

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